wmoore1_Sofiia PetrovaGetty Images_babyvitamins Sofiia Petrova/Getty Images

La filantropía en una era de caída de la ayuda para el desarrollo

WASHINGTON, DC – La filantropía nunca sustituirá a la ayuda pública, pero puede ser un puntal si la utilizamos correctamente. Con la financiación mundial para el desarrollo bajo presión, los presupuestos europeos de ayuda reorientados hacia la defensa y el rearme, y Estados Unidos replanteándose por completo la ayuda exterior, la comunidad de donantes ha quedado en una situación difícil.

Las reacciones hasta ahora han sido de dos tipos: llamados a la filantropía para cubrir la brecha y declaraciones moralizantes que critican a los gobiernos por dar un paso atrás. Desafortunadamente, la primera es poco realista y la segunda, ineficaz. Los donantes privados no pueden resolver por sí solos los retos globales sistémicos, y decirles a los políticos que están moralmente en bancarrota generalmente no los convence de su apoyo. En lugar de eso, tenemos que encontrar a los responsables de las políticas en su punto de vista, afinar nuestros argumentos y centrarnos en lo que realmente funciona.

La cruda realidad es que la mayor parte de la ayuda pública ni siquiera está diseñada para ser eficaz, porque prioriza los procesos sobre los resultados. La filantropía tampoco ha sido inmune a este impulso. En nuestros primeros años en la Fundación Eleanor Crook, financiamos programas holísticos y multisectoriales que intentaban abordar todas las causas de la malnutrición simultáneamente. Pero los resultados fueron decepcionantes. La estrategia parecía buena en papel, pero no producía mejoras mensurables de la malnutrición.

Así que aprendimos de ese fracaso y cambiamos de rumbo. Ahora dirigimos nuestros fondos allí donde las pruebas son más sólidas y los resultados más inmediatos. En la reciente Cumbre sobre Nutrición para el Crecimiento (N4G) celebrada en París, anunciamos un compromiso de 50 millones de dólares, junto con 200 millones de otros donantes, para ampliar una de las intervenciones más rentables en salud mundial: las vitaminas prenatales -conocidas como suplementos de micronutrientes múltiples (SMM)-. Esta financiación se destinará a una hoja de ruta de 1.000 millones de dólares para garantizar el acceso de las mujeres embarazadas a los SMM, vivan donde vivan.

La ciencia sobre esta cuestión es inequívoca. Los SMM sustituyen a los comprimidos anticuados de hierro y ácido fólico (IFA por su sigla en inglés) que se siguen administrando a muchas embarazadas en países de bajos ingresos. Con los SMM, las mujeres reciben 15 nutrientes, en lugar de solo dos, lo que se traduce en una drástica reducción de la anemia materna, la mortinatalidad y el bajo peso al nacer. Los beneficios económicos estimados son considerables -37 dólares por cada dólar invertido- y los beneficios humanos lo son aún más, ya que la mortalidad infantil se reduce en casi un tercio.

Las desigualdades globales en salud materna son profundas. En Londres, una mujer embarazada tiene acceso rutinario a vitaminas prenatales completas. En Lagos, puede recibir IFA, o directamente nada. La diferencia refleja una brecha en la voluntad, no en el conocimiento. Para acabar con estas disparidades no hace falta un gran avance científico, sino una mayor inversión en soluciones ya probadas.

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Más de 20 años de investigación, tres estudios de Lancet y múltiples casos de inversión del Banco Mundial han identificado unas diez intervenciones nutricionales que sistemáticamente reciben una financiación insuficiente a pesar de su eficacia demostrada. No se trata de iniciativas llamativas, multisectoriales y utópicas. Son programas específicos, basados en evidencia, que pueden aplicarse de inmediato, a escala, para obtener resultados mensurables.

Soluciones como el apoyo a la lactancia materna, la administración de suplementos de vitamina A, las vitaminas prenatales y los alimentos listos para el consumo destinados a niños gravemente desnutridos forman parte de un paquete de intervenciones que podrían salvar al menos dos millones de vidas en cinco años si se ampliaran a nueve países con una elevada carga de morbilidad. Estos resultados que cambian vidas costarían apenas 887 millones de dólares al año.

La desnutrición es, hoy en día, la causa principal de mortalidad infantil en el mundo, y contribuyó a unos tres millones de muertes solo en 2023. No se trata de tragedias misteriosas. Son previsibles y en muchos casos cuesta poco prevenirlas. En un mundo que, habitualmente, manda turistas al espacio, obviamente podemos permitirnos garantizar que todas las mujeres embarazadas tengan acceso a un frasco de vitaminas que cuesta 2 dólares.

La Cumbre N4G de este año puede ser la última de este tipo. Formaba parte de una serie de cumbres vinculadas a los Juegos Olímpicos, cuya próxima sede será Estados Unidos. Dado que la actual administración estadounidense ya ha dado señales de que no continuará con esta tradición, los recientes compromisos contraídos en París adquieren una nueva urgencia. Las promesas vagas y las posturas políticas ya no son suficientes.

En la Fundación Eleanor Crook no les pedimos a los gobiernos que gasten como antes. Más bien los instamos a que se fijen en las pruebas y utilicen el resto de sus presupuestos de ayuda oficial para el desarrollo en ampliar soluciones probadas y rentables. Una inversión modesta en SMM -que representa menos del costo de una semana del gasto en defensa de los países del G7- podría salvar 600.000 vidas.

Incluso con presupuestos limitados, tenemos la oportunidad de salvar millones de vidas. Pero solo si dejamos de intentar hacerlo todo y nos centramos en lo que es correcto.

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