LONDRES – El 10 de diciembre, Liu Xiaobo, el escritor chino encarcelado y activista de derechos humanos, será galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, por primera vez en la historia, ni el laureado ni ningún miembro de su familia directa estará presente en Oslo para aceptar el premio.
El gobierno de China ha impedido la participación de la esposa de Liu, la aclamada fotógrafa, Liu Xia, manteniéndola prácticamente bajo arresto domiciliario en Beijing. Ha intimidado a otros países para boicotear la ceremonia de premiación.
No sorprende que la Rusia de Vladimir Putin fuera de las primeras en someterse al dictado de China. Lo que es más inquietante, durante un tiempo parecía que el comité noruego del Premio Nobel también se había doblegado ante Beijing. Pero al final decidió seguir adelante con la adjudicación del premio. Eso es lo apropiado: un premio al valor moral que no debe verse comprometido por aquéllos que lo ofrecen.
Cuando Liu supo que había sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz de este año lo primero que dijo fue: “Este premio se otorga a las víctimas de la masacre de la Plaza de Tiananmen.”
Esa simple frase resume claramente los veinte años de resistencia pacífica de Liu contra el gobierno de China, que empezó con una huelga de hambre en la Plaza de Tiananmen. En las siguientes dos décadas, ha sido encarcelado en varias ocasiones y ha sido mantenido bajo arresto domiciliario o en prisión. A pesar de esta persecución constante, Liu siguió escribiendo y pidiendo al gobierno chino en nombre de la población. Al igual que los grandes luchadores pacíficos de la libertad de los tiempos modernos - Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela y Václav Havel- sacrificó su propia libertad para mostrar que su gente no la tiene.
Ahora, muchas personas y países están demostrando su apoyo a la decisión del comité del Premio Nobel de la Paz de otorgar el premio a Liu. De hecho Havel y un laureado anterior, Desmond Tutu, respaldaron decisivamente la adjudicación del Nobel a Liu. Sin embargo, los dirigentes mundiales además de respaldar los logros de Liu garantizando que están representados en la ceremonia en Oslo, también deben encarar la reacción del gobierno chino.
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Aunque casi todo el mundo reconoce que está en competencia económica con China, a menudo no puede ver que también hay una competencia moral con ese país. El Partido Comunista chino solía ejercer un poder pobre. Sin embargo, al volverse muy rico en las últimas tres décadas, China ahora está proponiendo al mundo su propio modelo de desarrollo – y de hecho de civilización.
Este modelo que algunos han apodado “El consenso de Beijing” es explícito: no hay estándares morales, solo materiales. Se puede hacer que los derechos humanos y la libertad desaparezcan no solo de las páginas Web sino también de la realidad.
Aunque en términos materiales está mejor de lo que nunca ha estado, el pueblo chino bajo el actual régimen se le niega cualquier oportunidad real de mantener y refinar su propia dignidad más allá de la búsqueda de riqueza y bienes de lujo. El premio de Liu es un reproche al régimen porque rechaza el dogma de que nada es importante solo los intereses económicos.
Los dirigentes chinos saben que en un sistema que carece de justicia, los esfuerzos de Liu para exigir una moral más elevada solo necesitan de valor moral. El régimen ha intentado separar la política de la economía, pero Liu ha mostrado que eso es imposible. Cualquier chino puede convertirse en otro Liu Xiaobo si decide ver a través de las mentiras del régimen materialista leninista.
Sin embargo, incluso aquí hay una paradoja para el régimen. Inevitablemente, los hombres y mujeres comunes que han construido la China moderna exigirán vivir con una libertad acorde a sus logros materiales.
Así, surge una China civilizada, como una vez lo hizo Europa Oriental, de las mentes y corazones de los prisioneros de conciencia, de personas como Liu Xiaobo. Havel, que ha inspirado a Liu y a muchos otros que aspiran a la libertad, escribió una carta pública al presidente chino, Hu Jintao, después del último encarcelamiento de Liu. En ella decía: “La sentencia de Liu tendrá consecuencias de las cuales usted tendrá su propia responsabilidad política.”
Así como el gobierno comunista de Checoslovaquia alguna vez encarceló a Havel por atreverse a soñar con una sociedad civil y una verdadera constitución de libertad para su país, el gobierno chino ha enviado a prisión a Liu por intentar algo similar con su llamado de la Carta 08, modelada según la Carta 77 de Checoslovaquia.
Havel finalmente vio triunfar sus ideas con la Revolución de Terciopelo de 1989. Liu Xiaobo está demostrando de nuevo el imparable poder de los sin poder. El Premio Nobel de la Paz que le ha sido otorgado da esperanzas a todos los que soñamos con una China verdaderamente libre y civilizada. También soñaremos con que en diciembre el comité del Premio Nobel por fin reconozca a Havel con un premio cuyo significado realmente personifica.
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China’s prolonged reliance on fiscal stimulus has distorted economic incentives, fueling a housing glut, a collapse in prices, and spiraling public debt. With further stimulus off the table, the only sustainable path is for the central government to relinquish more economic power to local governments and the private sector.
argues that the country’s problems can be traced back to its response to the 2008 financial crisis.
World order is a matter of degree: it varies over time, depending on technological, political, social, and ideological factors that can affect the global distribution of power and influence norms. It can be radically altered both by broader historical trends and by a single major power's blunders.
examines the role of evolving power dynamics and norms in bringing about stable arrangements among states.
LONDRES – El 10 de diciembre, Liu Xiaobo, el escritor chino encarcelado y activista de derechos humanos, será galardonado con el Premio Nobel de la Paz. Sin embargo, por primera vez en la historia, ni el laureado ni ningún miembro de su familia directa estará presente en Oslo para aceptar el premio.
El gobierno de China ha impedido la participación de la esposa de Liu, la aclamada fotógrafa, Liu Xia, manteniéndola prácticamente bajo arresto domiciliario en Beijing. Ha intimidado a otros países para boicotear la ceremonia de premiación.
No sorprende que la Rusia de Vladimir Putin fuera de las primeras en someterse al dictado de China. Lo que es más inquietante, durante un tiempo parecía que el comité noruego del Premio Nobel también se había doblegado ante Beijing. Pero al final decidió seguir adelante con la adjudicación del premio. Eso es lo apropiado: un premio al valor moral que no debe verse comprometido por aquéllos que lo ofrecen.
Cuando Liu supo que había sido galardonado con el Premio Nobel de la Paz de este año lo primero que dijo fue: “Este premio se otorga a las víctimas de la masacre de la Plaza de Tiananmen.”
Esa simple frase resume claramente los veinte años de resistencia pacífica de Liu contra el gobierno de China, que empezó con una huelga de hambre en la Plaza de Tiananmen. En las siguientes dos décadas, ha sido encarcelado en varias ocasiones y ha sido mantenido bajo arresto domiciliario o en prisión. A pesar de esta persecución constante, Liu siguió escribiendo y pidiendo al gobierno chino en nombre de la población. Al igual que los grandes luchadores pacíficos de la libertad de los tiempos modernos - Mahatma Gandhi, Martin Luther King, Nelson Mandela y Václav Havel- sacrificó su propia libertad para mostrar que su gente no la tiene.
Ahora, muchas personas y países están demostrando su apoyo a la decisión del comité del Premio Nobel de la Paz de otorgar el premio a Liu. De hecho Havel y un laureado anterior, Desmond Tutu, respaldaron decisivamente la adjudicación del Nobel a Liu. Sin embargo, los dirigentes mundiales además de respaldar los logros de Liu garantizando que están representados en la ceremonia en Oslo, también deben encarar la reacción del gobierno chino.
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Aunque casi todo el mundo reconoce que está en competencia económica con China, a menudo no puede ver que también hay una competencia moral con ese país. El Partido Comunista chino solía ejercer un poder pobre. Sin embargo, al volverse muy rico en las últimas tres décadas, China ahora está proponiendo al mundo su propio modelo de desarrollo – y de hecho de civilización.
Este modelo que algunos han apodado “El consenso de Beijing” es explícito: no hay estándares morales, solo materiales. Se puede hacer que los derechos humanos y la libertad desaparezcan no solo de las páginas Web sino también de la realidad.
Aunque en términos materiales está mejor de lo que nunca ha estado, el pueblo chino bajo el actual régimen se le niega cualquier oportunidad real de mantener y refinar su propia dignidad más allá de la búsqueda de riqueza y bienes de lujo. El premio de Liu es un reproche al régimen porque rechaza el dogma de que nada es importante solo los intereses económicos.
Los dirigentes chinos saben que en un sistema que carece de justicia, los esfuerzos de Liu para exigir una moral más elevada solo necesitan de valor moral. El régimen ha intentado separar la política de la economía, pero Liu ha mostrado que eso es imposible. Cualquier chino puede convertirse en otro Liu Xiaobo si decide ver a través de las mentiras del régimen materialista leninista.
Sin embargo, incluso aquí hay una paradoja para el régimen. Inevitablemente, los hombres y mujeres comunes que han construido la China moderna exigirán vivir con una libertad acorde a sus logros materiales.
Así, surge una China civilizada, como una vez lo hizo Europa Oriental, de las mentes y corazones de los prisioneros de conciencia, de personas como Liu Xiaobo. Havel, que ha inspirado a Liu y a muchos otros que aspiran a la libertad, escribió una carta pública al presidente chino, Hu Jintao, después del último encarcelamiento de Liu. En ella decía: “La sentencia de Liu tendrá consecuencias de las cuales usted tendrá su propia responsabilidad política.”
Así como el gobierno comunista de Checoslovaquia alguna vez encarceló a Havel por atreverse a soñar con una sociedad civil y una verdadera constitución de libertad para su país, el gobierno chino ha enviado a prisión a Liu por intentar algo similar con su llamado de la Carta 08, modelada según la Carta 77 de Checoslovaquia.
Havel finalmente vio triunfar sus ideas con la Revolución de Terciopelo de 1989. Liu Xiaobo está demostrando de nuevo el imparable poder de los sin poder. El Premio Nobel de la Paz que le ha sido otorgado da esperanzas a todos los que soñamos con una China verdaderamente libre y civilizada. También soñaremos con que en diciembre el comité del Premio Nobel por fin reconozca a Havel con un premio cuyo significado realmente personifica.