WASHINGTON, DC – En el verano de 1982, el gobierno de los Estados Unidos envió una carta de amor a las empresas estadounidenses. El principal funcionario antimonopolio del presidente Ronald Reagan, William Baxter, no ocultó su deseo de usar su cargo para ayudar a las grandes empresas del país y emitió las nuevas pautas de fusión del Departamento de Justicia, instruyendo al personal sobre cómo determinar si una fusión violaba las leyes antimonopolio y si debería ser bloqueada. Las nuevas reglas de Baxter dejaron claro a las grandes empresas que las agencias federales ya no limitarían su capacidad para acumular poder. Esto dio inicio a una era de consolidación corporativa casi sin restricciones.
WASHINGTON, DC – En el verano de 1982, el gobierno de los Estados Unidos envió una carta de amor a las empresas estadounidenses. El principal funcionario antimonopolio del presidente Ronald Reagan, William Baxter, no ocultó su deseo de usar su cargo para ayudar a las grandes empresas del país y emitió las nuevas pautas de fusión del Departamento de Justicia, instruyendo al personal sobre cómo determinar si una fusión violaba las leyes antimonopolio y si debería ser bloqueada. Las nuevas reglas de Baxter dejaron claro a las grandes empresas que las agencias federales ya no limitarían su capacidad para acumular poder. Esto dio inicio a una era de consolidación corporativa casi sin restricciones.