BARCELONA – La crisis financiera global actual ha puesto en evidencia las enormes presiones a que está sometida la política de competencia en ambos lados del Atlántico. En particular, la política de competencia ha sufrido un revés principalmente debido a las medidas distorsionadoras de ayuda a los intermediarios financieros, así como a la suspensión de las reglas sobre fusiones para rescatar instituciones. En efecto, la provisión pública de capital y otros subsidios han hecho que las condiciones sean desiguales, de modo que las instituciones débiles terminan por estar mucho mejor capitalizadas que las sanas.
BARCELONA – La crisis financiera global actual ha puesto en evidencia las enormes presiones a que está sometida la política de competencia en ambos lados del Atlántico. En particular, la política de competencia ha sufrido un revés principalmente debido a las medidas distorsionadoras de ayuda a los intermediarios financieros, así como a la suspensión de las reglas sobre fusiones para rescatar instituciones. En efecto, la provisión pública de capital y otros subsidios han hecho que las condiciones sean desiguales, de modo que las instituciones débiles terminan por estar mucho mejor capitalizadas que las sanas.